La intrahistoria del nuevo disco de la noruega Jenny Whale es muy curiosa. Encerrada debido al confinamiento pandémico, y al tener que cancelar cualquier actividad artística, empezó a interesarse por los olores de forma que hasta ese momento no había hecho. El olor que desprendía su cuerpo, el de las sabanas al despertar, el del ambiente de su hogar, o el característico aroma de las páginas de un libro, todas ellas eran sensaciones extraviadas por el acuciante estrés diario. Agudizar el sentido olfativo permitió que indagase en su “yo” interior desde otra perspectiva que no fuera la que quedaba encapsulada en las partituras. Su interés por los perfumes también se avivó y empezó a leer mucha literatura sobre ellos, y de esta manera llegaría a la conclusión de que su último disco se tenía que titular como una esencia creada por Maurice Roucelun perfumista que trabaja para la firma francesa Sarga Lutens. Es curioso cómo la mente es capaz, en tiempos en donde toda tu realidad da un giro de 360 grados, acabar encontrando nuevas “materialidades” que sirven de acicate para la creación artística.
En los surcos de este maravilloso Iris Silver Mist (4ad2025) se encuentra un cancionero que Jenny Whale ha querido expresamente que fuera lo más táctil, expresivo y personal posible y que consiguiera captar los matices de ese aroma. Una expresividad que se consigue a través de acordes metálicos e ingrávidos, ensoñadores y expansivos dentro de un buscado minimalismo formal.
Unas canciones que parecen que vayan tomando forma a través de ambientes nebulosos como la inicial “Lay Down”, que encuentra sus parecidos con las esbeltas melodías colmadas de nocturnidad y neones de Julia Holter. Todos los instrumentos toman el protagonismo sin tomar ninguno una especial relevancia, en un perfecto mosaico sensorial en donde sobrevuela el recuerdo de un hecho luctuoso. Sonidos de aves dan paso a la magistral “To Be A Rose” sustentada sobre el balanceo de una caja de ritmos en donde los pequeños giros de guión hacen mutar a la melodía, y cuyo recuerdo a Laurie Anderson es inevitable.
La batería sostiene al inicio la imbricada y sinuosa “All Night Long” en donde se narra el proceso creativo en soledad debido a la crisis vírica (“¿Recuerdas todos los cumpleaños de pandemia?/ Un amigo recibió tantas flores que parecía haber muerto”), para después ir tejiendo una portentosa canción dream pop sobre ingrávidos sintetizadores que parece que no se deje apresar, aunque siempre nos roza la piel. Sobre el cautiverio emocional y el estar sujeto a lo inasible del cautiverio versa “I Don’t’ Know What Free Is” en un microcosmos en donde conviven Kate Bushlas percusiones a lo Cesco, Peter Gabriely la fuerza expresiva de una Ballena que declama conteniendo la rabia y al punto del desgarro; acto seguido “The Artist Is Absent” juega con la bombos del house de Chicago, para, al final del trayecto, acabar rememorando el legado de Klaus Schulze en la instrumental “Quiero que el final suene así”.
Escucha Jenny Hval – Iris Silver Mist
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