Todo vuelve. Y ahora parece que en el Reino Unido regresan (por enésima vez) las guitarras. La novedad es que, tras unos años de imperio, en ese negociado, de formas punk y post-punk de cierto acento vanguardista, este año hemos presenciado una resurrección del rock más encariñado con la melodía, el que busca el single inmediato por encima de la experimentación (aunque no tiene por qué estar exento de ella) y que no teme ser llamado corriente principal. Lo hemos visto en discos como los de pierna mojada oh Wolf Alice y ahora lo vemos también en este quinto álbum (el quinto en cinco años, wow) del trío londinense Bar Italia.
Es más que probable que el hecho de que la banda se haya puesto como nombre el título de una canción del disco más famoso de Pulpaque a su vez hacía referencia a un garito del Soho de Londres que sirvió de punto de encuentro para gran parte de aquella “escena” a la que se denominó Britpop en los 1990’s, nos de pistas sobre qué nos vamos a encontrar aquí. De hecho, a buen seguro que a Jarvis Cocker no le importaría haber firmado un single tan inapelable como lo es la canción que abre este elepé. “Fundraiser” tiene un riff de bajo endiablado sobre el que pivota una de esos rompepistas que hubiera sido ideal bailar en los noventa y que, sin embargo, sabe, a base de frescura, alejarse lo suficiente del mero ejercicio vintage. Y convencer hoy en día hasta al más escéptico.
Un comienzo así, desde luego, es de los que hacen que quieras continuar escuchando. Incluso en tiempos “hamburguesa” como estos. Y lo cierto es que la banda que forman la vocalista Nina Cristante y los guitarristas/vocalistas Sam Fenton y Jezmi Tarik Fehmino defrauda en absoluto las altas expectativas generadas por un comienzo tan pirotécnico. De hecho, la canción que sigue es tan buena o mejor. Pero encima, y ahí está la gracia, en una onda completamente diferente.
“Marble Arch” tiene una tonalidad folk pop que trae a la mente por momentos a los ya mencionados Pulpa o incluso el Los problemascon unos acentos melódicos y cierta atmósfera psicodélica que te envuelven totalmente. Algo que sucede también en “Bad reputation”, que es más pastoral, a ritmo de vals y cantada a dúo, en plan diálogo, por niña y comer. Completa un trío de ases para empezar que, la verdad, ya quisieran para sí muchos que se las dan de clásicos consagrados.
Por cierto, hablando de clásicos, no hemos comentado aún que el disco (y su última canción) se titula igual que una de las mejores comedias de todos los tiempos -en España, Con Faldas Y A Lo Loco– en la que marilyn monroe, Jack Limon, Tony Curtis y su director, que era el genio Billy Wilderjugaban con lo andrógino, con el transformismo, con lo disipado de la vida de los músicos y claro, con el humor, en una de las películas más inolvidables de la historia. Y no es la única referencia cinematográfica, por cierto. Está también “The lady vanishes” para recordarnos aquella peli de Hitchcock de 1938 que aquí llevó por título, como siempre innovando, Alarma En El Expreso.
Pero, volviendo al disco. Si la tríada que lo abre es sensacional, no queda ahí todo lo disfrutable ni lo interesante. Bar Italia, que se producen ellos mismos, parecen haber querido conjugar todo lo aprendido en sus cuatro anteriores álbumes y a su vez demostrar que han abierto su paleta de forma fulgurante. De nuevo con olor a noventas y certera, “Cowbella” es festiva y rockera, como lo es también la algo más oscura “omni shambles” o la punzante “Eyepatch”, pero igualmente por el camino encontramos pantanosas epopeyas románticas, como “Plastered”, de nuevo a dos voces; o incursiones en el art rock que parecen querer emular el cancionero de Cablecomo “Rooster” o “Lioness” (curiosamente, las dos de nombre animal), del mismo modo que la candidez de la canción titular nos lleva a mares mucho más tormentosos, a pesar de su aparente tranquilidad. Todo ello sin perder un gramo de coherencia y belleza.
Y es que eso es, precisamente, lo que mejor saben hacer estos tres chavales y han plasmado aquí mejor que nunca: llevarnos por donde a ellos se les antoja, pero sin perder el norte. Una banda de esas “perfectitas” (en el buen sentido), en las que todos componen, todos cantan, producen y saben exactamente lo que quieren. Un ideal de honestidad en tiempos de zozobra y engaño que oiga, por si fuera poco resulta en obras tan inmensamente disfrutables como esta, que da tanto para pensar como para bailar ¿Los nuevos movimiento rápido del ojo? Pues yo no lo descartaría. A ver por dónde salen en el próximo disco.
Escucha Bar Italia – Some Like It Hot